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Bélgica
decide si expulsa a un joven estudiante ecuatoriano Rothman Salazar
tiene un brillante expediente académico pero carece de permiso
de residencia Familiares y amigos
del joven ecuatoriano realizaron ayer una protestaante el centro donde
permanece detenido. Daniel Basteiro DANIEL BASTEIRO - Bruselas - 24/08/2008 21:14 En una habitación
de un centro de reclusión de Bruselas, Rothman Salazarpasa las
que podrían ser sus últimas horas en Bélgica. El
jovenecuatoriano, de 19 años, lleva encarcelado 11 días,
desde la noche enque fue sorprendido por la Policía cuando regresaba
a casa tras unafiesta. Un tribunal de primera
instancia decidirá hoy si Salazarembarcará el miércoles
en un avión con destino a Quito o continúa en Bélgica,
donde vive desde hace seis años con su madre y sus treshermanas.
Hasta aquí, su historia se parece a la de tantos inmigrantesanónimos
que buscan una vida mejor lejos de casa. Lo que haconmocionado a la
sociedad belga es la integración del chico, uno delos primeros
de su clase, que este año iba a comenzar estudios deelectromecánica
en el Instituto Superior de Industria en Bruselas. Micasa está
aquí, reclama desde su celda Salazar en el rotativo belga
LeSoir, al tiempo que se pregunta si podrá cumplir su sueño:
Quiero seringeniero industrial, trabajar y fundar una familia
con mi novia desdehace tres años , Christiane. Asegura que las
condiciones enel centro de reclusión no son buenas, pero mantiene
la ilusión porrecuperar su libertad para empezar en septiembre
el nuevo curso.Mientras tanto, su abogado intenta con un nuevo recurso
que una familiabelga se haga cargo del joven, en condición de
estudiante con unpermiso limitado. Salazar es parte
de una generación de jóvenesinmigrantes que se sienten
extraños en el país en el que han crecido.Proceden de
Latinoamérica y África y se han instalado en la capital,sobre
todo en el barrio de Saint-Gilles, el más multicultural deBruselas. Hablan francés Estosinmigrantes
hablan bien francés y, en muchos casos, también flamenco,la
otra lengua de Bélgica. Se esfuerzan en la escuela, el único
métodode escapar de los trabajos mal remunerados y en ocasiones
muy duros desus padres. Hacen una vida normal aunque siempre están
pendientes de laPolicía. Un simple control puede acabar con sus
esperanzas de continuaren un país que ven como propio. Ayer, sus amigos
se manifestarondelante del centro de reclusión. Al acto también
acudieron ciudadanosbelgas, como Paul Vandenberghe. Hace diez
años apenas habíainmigrantes ecuatorianos. La crisis expulsó
a muchos de ellos aEuropa, relata. Muchos entendemos
la inmigración como unenriquecimiento cultural y como la salida
desesperada de personas queno pueden prosperar en su país.
Pero no todos lo ven de la mismamanera. Muchos de mis paisanos
tienen miedo a la delincuencia, perosobre todo a la diferencia. Extraños
en su propio país En Bélgica
residen entre 100.000 y 150.000 inmigrantes en situaciónirregular.
El consulado de Ecuador estima que un 80% de ellos no tienepapeles.
Muchos, como los Salazar, esperan desde hace años laresolución
de sus expedientes, amontonados en los tribunales dejusticia. Mientras
tanto, los inmigrantes hacen su vida. Es elcaso de Jaime Achig Pillajo, que dirige una empresa con sieteempleados, todos ellos europeos a pesar de no tener papeles. ¿Porqué si trabajamos, si nuestros hijos han crecido aquí, nos niegancualquier derecho?, se cuestiona. |