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Destructivos
tratados de libre comercio esclavizan a El informe de organización humanitaria inglesa Oxfam* «Firmando lejos el futuro» revela que EEUU y la Unión Europea (UE) persiguen con entusiasmo tratados de libre comercio (TLCs) regionales y bilaterales cada vez más destructivos del comercio y de la inversión por fuera de los auspicios de la Organización Mundial de Comercio ( OMC). Es el caso por ejemplo de la política aplicada por el presidente peruano Alán García (en la foto con George W. Bush) señalan los investigadores.
Estos acuerdos exigen enormes concesiones irreversibles de los países pobres [también llamados «en vías de desarrollo»], mientras los países desarrollados no ofrecen casi nada en retribución. EEUU y la UE están exigiendo rápidas y profundas reducciones de tarifas arancelarias sin precedentes, a veces con «arancel cero», para sus mercancías agrícolas subvencionadas que venden a los países subdesarrollados a precios de «dumping» (véase la historia # 21), sumergiendo a los granjeros locales en la pobreza desesperada. Mientras tanto, EEUU y la UE se aseguran tarifas altas y rigurosos cupos de importación desde los países subdesarrollados para proteger a sus propios productores. Como resultado de las políticas económicas forzadas por los gobiernos de los países desarrollados, bajo el control de incontables compañías multinacionales, se están produciendo pérdidas sin precedentes del sustento, desplazamientos de trabajadores y trabajo esclavo, en una espiral de degradación de los derechos humanos y del medio ambiente. Durante 2006, más
de cien países en vías de desarrollo fueron involucrados
en tratados de libre comercio o negociaciones para tratados bilaterales
de inversión (BITs, sigla en inglés). "Se firmó
cada semana un promedio de dos tratados", reveló el informe
de Oxfam difundido por IPS. «Virtualmente, ningún país,
al menos pobre, ha quedado fuera». Sin embargo, la nueva generación de TLCs lleva mucho más lejos esta tradicional imposición de políticas que devienen en reglas dañinas y obligatorias sobre propiedad intelectual, servicios e inversiones, con consecuencias mucho más profundas para el desarrollo y de gran impacto entre los pobres. Recién aparece
a la luz el doble estándar en las cláusulas sobre derechos
de propiedad intelectual que contienen la mayoría de los acuerdos
comerciales, pues los nuevos acuerdos limitan el acceso de los países
en vías de desarrollo a la tecnología patentada y a las
medicinas mientras tampoco pueden proteger el conocimiento tradicional
con un creciente perjuicio para la salud pública. Los TLCs con EEUU
y la UE también imponen «derechos de semillas» que
impiden a los granjeros locales ejercer su capacidad ancestral de utilizar
sus propias semillas. Los TLCs de EEUU
ahora están comenzando a patentar las plantas, algo que no sólo
limitará los derechos de los granjeros a intercambiar o vender
semillas, sino también les prohíbe guardar y reutilizar
semillas que han cultivado por generaciones. Como resultado, las comunidades podrían verse obligadas a pagar por las variedades de planta patentadas basadas en recursos genéticos de su propio suelo. Las nuevas reglas también plantean amenazas a los servicios esenciales mientras los TLCs permitan que los inversionistas extranjeros se hagan propietarios de los cuidados de salud, de la educación, del agua y de los servicios de utilidad pública. Las cláusulas
de inversión de los TLCs y de los tratados bilaterales de inversión
(BITs, en inglés) permiten que los inversionistas extranjeros
demanden por las ganancias perdidas, incluyendo beneficios futuros anticipados,
si los gobiernos cambian regulaciones, incluso aunque tales reformas
sean de interés público. Un número creciente de tratados y acuerdos de inversión alteran severamente los parámetros de la justicia, para evitar que los gobiernos investiguen o regulen la inversión extranjera, prohibiendo el uso de todos los «requisitos de funcionamiento» instituidos para todos los sectores, incluyendo minería, manufacturas y servicios. Más de 170
países han firmado acuerdos internacionales que ante cualquier
conflictootorgan a los inversionistas extranjeros el derecho de
recurrir inmediatamente al arbitraje internacional, sin intentar resolver
primero la disputa en las cortes nacionales. No sólo se carga contra el interés público la base jurídica para el arbitraje de la inversión, sino también el procedimiento. A pesar del hecho de que muchos paneles de arbitraje estén amparados por el Banco Mundial y Naciones Unidas, el sistema de arbitraje de la inversión está blindado por el secretismo. Es virtualmente imposible descubrir qué casos se están ventilando. Solamente se puede
acceder al resultado o al análisis razonado de las decisiones.
En consecuencia, no existe un cuerpo con las decisiones de los casos
que permita informarse a los gobiernos de los países en vías
de desarrollo que se encuentran considerando estos acuerdos de inversión.
Estos abogados,
según el informe de Oxfam, aconsejan impacientemente a los inversionistas
extranjeros cada vez que descubren oportunidades de reclamar compensaciones
a los países en vías de desarrollo según los términos
de los acuerdos internacionales para la inversión. La oposición
más fuerte está originándose en la asimetría
política inherente a estos acuerdos bilaterales de comercio e
inversión (véase las historias # 8, # 19 y # 21). Actualización
de Laura Rusu (Oxfam International) El nuevo liderazgo demócrata en el Congreso de EEUU negoció recientemente cambios en las áreas del trabajo, del ambiente y de la propiedad intelectual, en resguardo del acceso a las medicinas, que deben ser incorporados en los TLCs listos que sólo aguardan la ratificación del Congreso. Si llegaran a ponerse en ejecución, según lo convenido, estos cambios significarían un importante progreso en hacer cumplir los estándares básicos de la Organización Internacional del Trabajo y los acuerdos ambientales multilaterales, y en promover la salud pública por sobre los beneficios privados para reducir las protecciones onerosas a favor de los monopolios farmacéuticos. No obstante, aún debe hacerse más en estas áreas y siguen existiendo disposiciones dañinas en varias otras áreas que afectan adversamente a los países en vías de desarrollo, particularmente a los pobres. Sin otros cambios, los TLCs crean una situación profundamente injusta, donde EEUU provee apoyos y subsidios masivos a su agricultura doméstica que permiten la exportación de sus productos a precios inferiores a los costos de producción, mientras sus socios comerciales los países en desarrollo quedan sin medios de protección. Con grandes porciones
de sus poblaciones que dependen de la agricultura para su sustento,
los TLCs no proporcionan ninguna salvaguarda eficaz para proteger a
los granjeros pobres contra la competencia desigual. Además,
las reglas de los TLCs obstaculizarán que los gobiernos locales
y nacionales direccionen a la inversión extranjera de una manera
que contribuya al desarrollo sustentable. Las cláusulas de los
acuerdos darán a las compañías extranjeras la capacidad
de desafiar las regulaciones de la inversión, tales como las
leyes que protegen el ambiente y la salud pública. El gobierno de EEUU
se propone conseguir este año la aprobación de los TLCs
con Perú, Panamá, Colombia y Corea, aunque sigue siendo
dudoso si tendrá suficiente apoyo del Congreso para votar los
últimos dos. En una vena similar, la Unión Europea ha procedido con negociaciones de TLCs con países de África, del Caribe y del Pacífico, empujando adelante en la negociación textos que minarán la capacidad de los países pobres de gobernar sus economías con eficacia, proteger a su gente más pobre, mejorar la calidad de vida y crear nuevos trabajos. Yendo más allá de las provisiones negociadas en un nivel multilateral, la UE está haciendo requerimientos que impondrían reglas de gran envergadura, duras e irreversibles, en las áreas de acceso al mercado, agricultura, servicios y propiedad intelectual. Simultáneamente,
la UE está procediendo a abrir negociaciones formales con los
países de América Central para un TLC que impondría
reglas similares que minan el desarrollo. En todas estas negociaciones, la UE, al igual que EEUU, está fallando en darle prioridad al desarrollo. Fuentes: Estudiante investigador:
Ann Marie O'Toole * Oxfam Internacional reúne a 13 organizaciones que trabajan con 3000 agrupaciones locales de más de 100 países para buscar soluciones a la pobreza, el sufrimiento y la injusticia. Para más información, ver http://www.oxfamamerica.org y http://www.oxfam.org/es/. Sanjay Suri |