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Haití: la mitad siniestra Ante el desastre
casi absoluto que asola Haití, no se puede más que indagar
el cómo un país puede llegar a ese nivel de postración
sin la capacidad de responder con los mínimos recursos dentro
de su territorio. La historia de Haití
es casi una vida paralela con respecto a Honduras. El Huracán
Mitch desnudó a fondo nuestra estructura de prevención
y nos puso en mendicidad internacional una vez que se recibieron las
honestas y muy humanas muestras de solidaridad. La mendicidad de
la que hablo, llevó al Gobierno de Ricardo a una puja similar
a la que se acostumbra en las subastas, con el fin de meter al país
a como diera lugar- al club País Pobre Altamente
Endeudado (PPAE, HIPC, por sus siglas imperiales). Al parecer,
Honduras cumplió con el programa de pagos y le fue aliviada la
deuda, pero en el ínterin, las exigencias del FMI acerca del
saneamiento fiscal, le dieron a la Empresa Privada un total
empoderamiento de las regulaciones estatales, todo bajo el sambenito
de la ineficiencia gubernamental. En Haití
(miembro V.I.P. del HIPC), no se pudo siquiera llegar a pagar la deuda
de los fondos para Reducción de la Pobreza ni a sanear al mínimo
sus instituciones fiscales. La devastación económica sumada
a la inestabilidad artificial con que mantienen en la miseria al país
lo ha impedido. Haití, al igual que Somalia, es un Estado fallido
y Honduras, en este momento, también lo es dado la destrucción
del sistema jurídico para avalar el Golpe de Estado. Tanto Honduras como
Haití le han servido como territorio de contención
a dos imperios: Haití se encuentra en medio de Cuba y República
Dominicana. La mejor forma que encontraron los gringos y los franceses
para detener la expansión cubana hacia República
Dominicana fue mantener en el caos a la desgraciada Haití. República
Dominicana siempre ha sido una grave preocupación para la visión
imperial francesa y estadounidense. La autodeterminación popular
dominicana, que tomó como ejemplo histórico la gesta libertaria
de los haitianos contra el colonialismo francés, fue soterrada
con la imposición del dictador Trujillo (1930-1961) y con el
derrocamiento de Juan Bosch en 1965, lo que detonó una guerra
civil que dio paso y pretexto para la invasión gringa. La Honduras
de Villeda Morales, vergonzosamente, contribuyó con tropas para
la estabilización. El proyecto de Juan Bosch había
sido aniquilado, y con él, se procedió a la sobre-explotación
de los recursos naturales de Haití mediante transnacionales francesas
y norteamericanas hasta consumirla en lo que hoy es un territorio monstruosamente
descombrado y devastado por el SIDA y las bandas criminales. Así
es que, entre Cuba y República Dominicana se erige un muro humano
de espantosa miseria. En la retaguardia, las bases militares imperiales
en Puerto Rico, vigilan. Como se demuestra,
las estrategia imperialista siempre ha sido la de invisibilizar un territorio
determinado, exprimirlo al máximo, postrarlo, y clavarlo en medio
de una región con reivindicaciones populares
todo con el
fin de llevar a la población a un nivel de enajenación
tal que el fatalismo sea la dialéctica generalizada . De esta
forma, el país intervenido se convierte en un centro desestabilizador
para sus países vecinos, en el epicentro de un terremoto continuo
que mata lento pero constante. El Golpe de Estado contra Aristide y
Manuel Zelaya son demostraciones científicas irrefutables. Haití, hermana siamesa y consumida de la República Dominicana, hermana siamesa y distante de esta Honduras, es un doloroso recordatorio de los golpes que puede dar el azar, pero también, de la frialdad, consecuencias y maquinaciones calculadas de los imperios. F.E. |